jueves, marzo 20, 2014

Música de Vida

Esta es música de hombres de grandes urbes, que huyen y reniegan de al menos una de las madres que los parió, como queriendo derrocar a la ciudad amurallada. Hombres que dicen que no reniegan de las madres, que están con sus luchas y que comprenden sus pesares, aun llevándose al mundo por delante, aun sabiendo en sus internos fueros que no podrían ser los mismos si ellos tuvieran el vientre cargado de vidas por venir.

De cualquier modo, con esos bombos andinos, con esos charangos y quenas, vibran las entrañas que quieren jugar el juego sin salir perdiendo. Vibran sus dedos y palmas, sus pieles y pelos, sus ojos muertos de tanto aire y de tantos sueños.

A mí me quedan pocas opciones. La contemplación, la danza, mis ojos abiertos siguiendo el oleaje de esas incógnitas mareas... poca chance de escapatoria, y no porque no pueda sino porque estoy en plena consciencia de la necesidad de este proceso, de este caminar contiguo, de este renacer de voces. Si vuelve, si reflota, hay que vivir lo que se siente. Todas las mañanas y todos los albas, con café latte o sin él, con miradas o con música, con recuerdos y con presente. 

Porque nEEEEEEgro que te quiero negro, que te me hundiste en el fondo del vientre, que me socavaste los anhelos oxidados. No te puedo sacar de acá del cuerpo, no con esa lumbre que irradias sin saber y sin temer, y mucho menos con ese hambre voraz que me dejas, de meterme yo así en tus entrañas, de repicar dentro de ti como campanas. Algo tendrá que ver ese deseo estéril de sanar todas mis yagas en tu cuerpo, y pensar que lo único que hice fue arrastrarte a mis dolores, en lugar de ofrecerte el campo de flores que siempre he sido, que a veces se ha velado por culpa de esas penas rojinegras. Algo tendrá que ver mi historia con la tuya, algo tendrán que ver nuestras máscaras de niños y nuestras pulsiones animales. Algo lejos del azar debe estar toda esta historia.

La vida algo me quiere decir, y debo descifrar su enigma incandescente.

lunes, noviembre 25, 2013

La Cuadratura del Círculo

Que tenés que ser el cambio que querés ver en el mundo.

Apuntalo en tu agenda mental, Barbie. Igual que esa idea de que la gente aparece en la vida por cualquier cosa, menos por azar.

viernes, noviembre 01, 2013

Remember

Esta misma cosa en la guata, ese mismo trémulo de ansiedad, esos mismos pequeños espasmos, esos momentos sin aire, esos segundos en que el mundo se detiene... todo eso ya me pasó antes y se aparece como una reminiscencia en alta definición.

Volví a los 17, después de vivir un siglo decisieteañero. 
Vuelvo a soñar con la misma intensidad, aunque no con las mismas promesas. 

Te sueño, Negro. Acá al lado ojalá, hueviando un rato para pasar las horas, con unas yerbitas buenas y un poco de magia contra el dolor. Buena onda, cierto?

Pero hay que poner las patas en la tierra... tírame un cable a tierra, porfa. Los pies en la tierra, los ojos hacia el cielo. Quiero ser bien pragmática, como me recomiendan esos amigos fanáticos de esa corriente, avanzando sobre las condiciones materiales objetivas, aunque no por eso luchando sin la fuerza de la convicción.

Se puede volver a soñar con la misma intensidad que antes, cuando probablemente igual que ahora, se pensaba que nunca más se podría retornar a las maravillas de tener una ilusión. Y es que a pesar de tanta yaga las ganas de emprender una y otra vez no me han fallado. No sé a quién le tengo que dar las gracias por ese motor de vida que llevo dentro, por este bichito que me dice "una vez más" al oído.

Luchar. Hasta el socialismo, vieja!

miércoles, octubre 30, 2013

Otra piel

(Él es así. Es buena onda. No es de amoroso, es de buena onda.)

Increíble como un mismo signo puede cambiar tan radicalmente de interpretación: hoy pasó lo mismo, lo mismo LO MISMO, y me lo tomé tan distinto...! 

Debe ser porque las cosas han cambiado. 

Ya no es la fiebre del oro, me canta la canción que escucho.



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Y pienso del mismo modo. Ya acabo. Me duele. Si estas ganas de vomitar se convirtieran de verdad en lo que quieren ser y se lo llevaran todo de un viaje, hasta me haría arcadas para que saliera luego.

Pero no. Ese es el camino fácil.

El proceso es otro. Hay que bajar de las nubes y mirarse el ombligo, y en ese mirar encontrarse una misma, saberse fuerte, valiosa, aventurera, vivaz, alegre, capaz. Hay que trabajar esa relación con una misma, esa que está media abandonada; hay que alinear la espina dorsal y asegurarse de sentirse bien en ella. También es necesario perdonarse por los pájaros en la cabeza, por la ingenuidad, por los errores cometidos; creer en el dolor insoslayable como un abono para las nuevas flores, 

Luego, el primer paso en el mundo exterior, es levantar la cabeza, fijar la mirada y contestar una sonrisa... la misma que me han ofrecido hace rato, pero que leí mal, que pensaba convertir en una esperanza celeste. Habrá que hacer un esfuerzo -en principio sobrehumano, y con el correr del tiempo más sencillo- para ceder y tranzar, para comprender que no puedo atar todos los cabos sueltos yo sola. Aprender a soltar.

Quisiera precisar bien qué tengo que aprender de todo esto... no es la idea pasar en vano por la vida. Qué lástima no tener las respuestas ahora! Sólo me queda confiar en mi proceso y esperar a conocerme un poco más al final de este viaje.

No estoy diciendo adiós, ni cerrando ni cortando. Serán holas distintos, eso es todo.

viernes, octubre 18, 2013

Empezar.

De pronto siento que se me cayó la noche encima, aunque haya podido sostener junto a ella una sonrisa sincera. Es que estoy a la espera de algo y eso apremia.

Espero el día en que todo Santiago se me vuelva a dormir en los brazos, que sus pequeñas luces bordando el cielo pululen de felicidad en mi piel y que sus rugidos de jaguares de metal se transformen en susurros de calor, confianza, sinceridad.

También se que no sólo estoy esperando a que la jungla de cemento se me entregue después de aguachada; porque quiero hacer la conjunción entre ella -la más hostil e irrefrenable- y los compaces de la madre tierra virgen, de los orígenes sin mácula.

Es que por ahí en tu pecho se cruzan todos los rasgos de la apertura capitalina, de las grandes masas y los grandes movimientos... se cruzan con el latido sereno de un corazón que anhela el ritmo de la mapu, los sonidos de la naturaleza, los vestigios de la comunión y la comunidad, la paz que da el romper de olas de la Playa Grande.

Allí es donde quiero hacer conjunción, donde quiero reposar y que se reposen. 
¿Pido demasiado?

lunes, octubre 07, 2013

EstrellaFugaz

Hoy es uno de esos días de mini-truinfos; me merezco una esterellita, pienso yo.

La espera aún es larga, pero con estos pasitos se acorta, como queriendo ser más suavecita y no por eso menos eficiente. Bonita cosa! Mirar al fondo del ojo rapaz con la naturalidad total del primer día y de todos los demás días.

Te juro que prefiero esa naturalidad ligera en vez de un mar de pasiones tormentosas que no tienen asidero alguno, ni sustento ni sustrato, ni sueño ni vigilia. De sólo acordarme me da náuseas, si ASCO.

Es una de esas pequeñas grandes alegrías que vienen cuando la liberación aparece. Todo se distiende. Un poco de lluvia para los campos secos... un poco de libertad para el agua de los diques.

Prefiero mirar como la balanza se sacude cada vez menos, hasta encontrar el punto exacto en donde juntos, nos reunimos con los demás. Sano equilibrio de dos fuerzas que se malentendieron.

¿O que no llegaron a comprenderse?


viernes, septiembre 20, 2013

On the Road ¿por quién?


Parece que no fue hace demasiadas sonrisas que un bosque espeso de laureles y pelúes me rasguñaba la espalda bien amada. Me detengo y pienso que a veces recordar es bueno, y que no siempre produce nostalgias ni penas. Lo hecho, hecho está; y hermosamente hecho, por cierto.

Podría parecer que cada vez que ando sobre ruedas estoy arrancando de algo, y es falso. Todo lo que quiero es encontrarlo, reencontrarlo. Sigo en esa búsqueda de esas otras cosas que me llevan a la misma cosa.




Después de un largo viaje que me prepare para eso. Volver volver volver.

Vuelvo a mi espalda bien amada. Mi espalda que cual Judas ha negado ya más de 3 veces. Cosa grave, pensarían algunos. Ninguna infidelidad, pienso yo. El norte es uno sólo. Los cuatro puntos cardinales son tres: el norte y el sur.
Siempre me pregunto qué pasaría si el norte fuera el sur.

Recorriendo la pampa o los valles, la cordillera o el Mar Caribe, siempre he hallado una sonrisa y un deseo de volver. Si salgo es para que el retorno tenga mejor sabor.

Salí de ese bosque indómito, malherida, bien adentro. Salí de la ruta más salvaje, como arrancando y no queriendo. Salí huyendo de un reino incalculable. Me resigné a la añoranza permanente, al corazón latiendo como carne viva a cada momento. Mejor pa mí, y buen anestésico pa las crisis existenciales, pienso. Soy carne viva mientras su sonrisa y su espíritu de lucha anden merodeando por ahí. Bien por mí y por tí.

Por eso es diferente. Por eso todos los caminos llegan a esa misma intersección de bosque húmedo, latidos secos, dedos hediondos a yerba.

viernes, mayo 03, 2013

Qué Andarás Haciendo Ahora


Efectivamente, por si es que te lo preguntas, me he guarecido en lo más hondo de mí, para entenderme. Entenderte a tí no tiene caso, y además me gusta saber que hay secretos insoldables en la profundidad de tu corazón... secretos que yo no puedo descifrar, códigos que no tienen ni ganas de ser traducidos, lluvias de meteoritos largos que no van precisamente en dirección a la destrucción del capital.

Me he guarecido en lo más hondo de mí, te decía. Te contaba para que sepas que no hago mucho más que lo habitual: repartirle amor a todo mi mundo cuando ese uno de mi mundo me ha sabido negar su amor. Estoy haciendo aseo en la casa interna, tratando de mecer mis pensamientos al son de alguna música que me represente, que me comprenda... por que sí, también yo tengo mis insoldables secretos, mis códigos y mis lluvias de meteoritos. 

A veces preparo café, otras enjuago los tallarines, improviso bromas, golpeo la mesa, tiro lejos las pantuflas, me pregunto por la contingencia, dudo de mi misma y de la veracidad de las cosas. Descarto las alegrías mal sanas, prefiero oler la fruta antes de comerla, sonreír a los niños y las niñas, posar los ojos sobre los cientos de matices de las hojas de otoño. Hago estas cosas porque no me queda otra.

No me queda opción, aunque en realidad quisiera probar el pan de orégano, virar a algún lado, iniciar una revolución, adentrarme en tus orillas, leer las líneas de las manos, conversar de las historias pasadas, hacer un presente de lucha para que el futuro nos pertenezca, en fin, cumplir las serie de promesas que me trajo la estación del viento sur. Nada fuera de lo común, a mí parecer.

Pero para tí todo fue una buena onda, un lapso de locura y ardor sin sentido, un mero trámite para poseer lo prohibido, un pasaje de la vida sin mayor importancia.